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Haz que ocurra


Haz que ocurra. Tres simples palabras que pueden cambiar tu vida. Si quieres.

Todo depende, no de lo que desees, sino de la fuerza con que lo desees. De tu fuerza de voluntad, de las ganas que tengas de que tu vida se convierta en lo que siempre has sabido que debía ser.

Haz que ocurra. Haz que pase. Haz que suceda. HAZ QUE ACONTEZCA.

Situemos en su justa dimensión lo que estás haciendo en este mismo instante. Es bastante sencillo. Ahora mismo... estás leyendo estas líneas.

Estás utilizando tu tiempo en esto. Como decíamos en una entrada anterior, tu tiempo es lo único de lo que eres realmente dueño. Todo lo que tienes es tiempo, y el tiempo que cada uno de nosotros tiene es finito. Las entradas de este blog han llegado hasta ti porque yo las escribí. Yo utilicé lo único de que realmente dispongo desde que estoy en este mundo para escribir estas entradas en este blog: mi tiempo. Tendemos a pensar que no tenemos tiempo, que el trabajo, las obligaciones, la familia, las prisas, el reloj se llevan cada uno de nuestros minutos. Pero yo encontré tiempo para escribir lo que escribo. Y tú has encontrado tiempo para empezar a leerlo.

Quizá pienses que lo que acabo de decir en el párrafo anterior es tan obvio que no merece la pena que desperdicies un segundo más con esto. Yo te digo que quizá ahora mismo estés gastando este minuto de la mejor manera posible. Sigue leyendo.

Vivimos tan deprisa que no nos damos cuenta de lo que tenemos a nuestro alrededor. Perdemos lo mejor de nuestras vidas en trabajos que nos mortifican. Esperamos siempre un mañana para resarcirnos de nuestra infelicidad actual, pero ese mañana nunca llega. Hacemos las cosas que siempre hemos hecho, nos convencemos de que no servimos para nada más. Somos lo que siempre hemos sido, aunque no nos haga felices. Es como si lleváramos unas gafas que nos proporcionaran una cómoda visión de túnel. Unas gafas que no nos permiten ver lo que hay a nuestro alrededor, sólo lo que tenemos enfrente. Solo vemos el camino marcado, el que nos marcaron o el que nos marcamos nosotros mismos cuando aún no sabíamos lo que queríamos hacer con nuestra vida.

Si nos quitáramos esas gafas veríamos que hay otros trabajos que podemos desempeñar, otras cosas que aprender, otras facetas que desarrollar, otros lugares que visitar, otras maneras mejores de hacer las mismas cosas, miles de oportunidades para ser más felices, más productivos, más solidarios. Incluso más ricos.

No hay absolutamente nada en este mundo para lo que estés menos cualificado que el resto del mundo.

Quizá tuviste unos padres de los que decían “no sirves para nada”. Bien. Es mentira. Sirves para todo. Cualquier cosa que veas hacer a alguien, con práctica, puedes hacerla tú.

No sugiero que de pronto tires tu vida por la borda y te dediques a otra profesión, tampoco que asumas riesgos innecesarios. Pero sí te diría que te quites esas gafas de visión de tunel y descubras que la vida está llena de posibilidades y que el verdadero dueño de tu tiempo, el que decide qué hacer con su vida, el que lleva el timón, el volante, el que maneja el ratón, el que decide, el que debe hacer que las cosas ocurran... eres tú.

Haz que ocurra.


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